
Nací pelotuda, el 15 de Junio de 1989 a las 7:21 am. Nací pelotuda, digo, porque después con el paso del tiempo terminé siendo escritora. Y todos sabemos que no se puede ser escritor sin antes haber nacido pelotudo. Viste vos.
Artista, le dicen por ahí. “Histriónica, Sele” acota Lucre, que tiene un poco de vergüenza cuando le agarro la mano por el pasillo y voy gritando que es mi novia. “Acompañame a comprar pero no hagas teatro”. Y las dos sabemos que es imposible.
Soy artista, ponéle, porque vivo de eso. Alguna vez me pregunté qué sería de mí si no encontrara arte en todos lados, o si no tuviera los amigos que tengo para ayudarme a hacer cosas nuevas todo el tiempo. Crear y recrear. Crear para recrear, ganarle al tiempo.
No sé qué sería de mí sin preguntar. Sin prestarle atención a las cosas que parecen las más pelotudas.
Rocco y yo nos reímos. Vemos pasar una bolsa de nylon volando. Inclusive, si ninguno de los dos dijera nada, nos reiríamos igual. Pasa, the most beautiful thing in the world. La risa, el arte de conectarte con el otro.
Y sí, soy un poco inquieta y ansiosa, hasta que me rascan la nuca o Luna se me sube al pecho y me pisa las tetas ronroneando. Quizás, sí, también, me pongo nerviosa cuando mi papá habla mal de los putos, o cuando veo que mi profesor espera que diga algo relevante y yo estoy pensando en las cosas que quiero tener y no necesito. Quizás pienso demasiado, ahora que lo pienso.
Nací pelotuda y me hice escritora. Allá, por el 1994, cuando aprendí a escribir mi nombre, con un pulso que correspondía a mi inquietud. Con una inquietud de espíritu que jamás pude perder por más libros que leyera o cosas que aprendiera.
“¿Por qué cuestionás todo?” me dijeron el otro día y yo me reí. No sé. Me gusta entender el porqué del porqué, me gustan las preguntas, les hago el amor, también me las cojo. Me gusta cuando a la gente ya no le quedan explicaciones para dar y se pone a inventar nuevas.
No me veo haciendo otra cosa, tengo que prender fuego a los demás. Somos espiritualmente combustibles.
Hacerlos enojar, putear, reír, llorar, admirarse. Odiarme. Da igual.
Por eso, el arte está en las cosas más pelotudas. En una pija dibujada en un cuaderno de Winnie Pooh que mi mejor amiga está haciendo con toda su adolescencia y genialidad brillante en clase de música. En la escupida que mi hermano David deja en la San Martín una noche de 1997, descalzo, cuando nos lleva a tomar un helado y se olvida las zapatillas.
Es un microsegundo. “¡ZAZ!” diría Martín, y ya creaste un recuerdo. En un microsegundo me podés hacer sonreír para toda la vida.
Pero así y todo soy una escritora poco ortodoxa. Fijáte qué raro, porque narro más con lo que hago y ya no me gusta escribir tanto. Escribo pensando y haciendo. Plasmo lo que tengo para escribir en los demás, en mí, en todos, en un papel menos duradero pero que apasiona.
Debe ser por eso que arrugo la nariz cuando alguien me dice que tengo talento, o cuando afirman que voy a llegar lejos. “¿Lejos de dónde? ¿Más cerca de qué?” le pregunto. Francisco tiene ese no sé qué que me hace querer un poco más a todos. Y sin embargo, si final del día me dieran a elegir, me quedo con mi gata.
El arte está en escribir en las cabezas de otros y leernos cuando mejor nos parezca.
Las páginas van corriendo. Cae la arena violeta de mi reloj y no puedo evitar ver a Fer traerme una taza de té a pesar de los 39ºC que hay en Capital, o a Akira quedarse dormido y babear. “Sele ¿Me estás escuchando? ¿Qué tiene de especial ese colectivo? ¿En Comodoro no tenés colectivos?”.
Siempre.
Soy escritora por una cuestión de supervivencia, viste, pero soy una pelotuda por elección. Vivo. Qué sé yo. Alfredo Casero me dijo que somos un cuadro que terminamos con nuestra muerte, y que nunca podemos contemplar. Pintar hasta morir una obra que no vamos a ver terminada, pero que vamos a terminar.
“Vos boxeá, piba, que el K.O. viene solo”.
No sé. ¿Vos cómo me decís? ¿Quién soy yo para vos?
¿Era, soy o fui? ¿Qué es el tiempo? No sé. ¿Sos arte? ¿Soy? No sé.
El que escribe, ¿por qué escribe? ¿Para quién? No sé. ¿Sirven las comas, los puntos, las tildes? ¿Sirven las puteadas? ¿Qué es una puteada? ¿Por qué puteo tanto? No sé.
¿Qué son 22 años en una vida? ¿Mi vida? ¿Cuántos dedos tengo de frente? ¿Cuántas frentes toqué con mis dedos? No sé.
Simplemente, soy. Bienvenidos.