Feb 23 2012

Dicen.

Se está tragando todo lo que encuentra.

Un agujero negro en el medio del pecho, eso es lo que hay. Como la puta insaciable que no para de tragar vergas para llenar algún vacío, vaya a saber de qué o por qué. Nada más está ahí, girando y devorando, arrastrando lo que esté cerca.

La desesperación.

“En algún momento las ideas deben morir, y los sentimientos también. Es el ciclo del aprendizaje, desde siempre”.

Eso. Dicen que es normal, dicen mucho. Dicen, pero no alcanza para sentir.

¿Y si una idea es un sentimiento, qué pasa? Incongruente. Stop. ¿Y si ambos elementos son simbióticos? ¿En qué momento se separan? ¿Se separan? ¿Qué hace una idea sin un sentir? ¿Qué hace un sentir si no tiene una idea por la cual existir?

Un choque, debe ser. Un desacuerdo entre partes. Ambas saben que deben morir y ambas quieren salvarse. Instinto de supervivencia, inconsciente. Ahí es donde está la división verdadera. Funcionan como una misma cosa durante su vida, y, al momento de desvanecerse, en vez de fundirse juntas en un elemento nuevo, las dos corren para lados opuestos tratando de salvarse. Chocan, se asesinan entre ellas.

¿Y a dónde está la explosión? No está.

Ausente el caos exterior, vuelan las preguntas, el acostumbramiento a una masacre visible. El cuerpo y el espíritu, el campo de batalla que nunca llega a ser. No hay sobre qué explotar, más que sobre sí mismo.

Se desdoblan, se devoran, y empieza la implosión.

Un rugido de bestia hambrienta, de -dije ya- una puta insaciable, reclamando lo que sea que cree que necesita, o lo que tenga a mano. Un agujero negro en el medio del pecho, tragando. De a poco, muy de a poco, no va a quedar nada.

La desesperación.


Jan 30 2012

Almorzando con Bigotitos

*Bigotitos es mi papá, más conocido en mi cuenta de Twitter como #PapaEsNazi y derivados, que si bien uno podría suponer es el origen de su apodo, estaría equivocado, pero igual le cae redondito en el ego.

Almorzar con papá es una de esas tareas que requieren paciencia, dedicación y estado zen iluminado. En una terapia de control de la ira, una comida con él -charla de sobremesa incluída- sería la prueba definitiva de que estás apto para salir a la calle y relacionarte con otras personas sin matar gente, especialmente a la que tiene el cerebro moldeado como cubito de queso en picada de domingo al mediodía.

Aprobado 10+ y a la sociedad, welcome to the jungle, pebete.

En una de las temáticas trágicas que mi padre suele reflotar de manera recurrente (su odio sanguíneo a Perón, entre otros), salió a discusión y no me pregunten cómo, el servicio militar obligatorio. Papá aseguraba que si bien era un dolor de totó, ayudaba a integrar a los muchachos, los nivelaba en educación, los disciplinaba, les otorgaba un sentimiento de patriotismo que ahora no está y provoca las diferencias barriales y entre provincias (léase “pobrecitos pelotudos sin conciencia de las fronteras más allá de la esquina”), además de que se les enseñaba un oficio, vagos de mierda ylaputaquelosparió.

Hasta ese punto, digamos, argumentos válidos, altamente discutibles y tolerables.

Bigotitos tiene un serio problema de machismo, irónicamente, teniendo solamente dos hijas mujeres con alto poder de racionalización, independencia y capacidad. Muy bien. Todo lo que dije antes importa un pedo: mi hermana y yo somos mujeres, a la cocina y a no joder. Entonces, lo que se venía patinando dentro de las líneas de la tolerancia, derrapó para todos los costados al mismo tiempo, conjuntamente con la frase: “Las mujeres deberían haber hecho un servicio militar, adaptado a sus capacidades”.

Ante la cara de interrogante que se convertía en garabato que teníamos nosotras, la cuestión progresó más o menos así:

A las muejeres les habría venido bien hacer algo similar, para enseñarles las tareas básicas a desarrollar consideradas como INFALTABLES en su sexo, tales como cocinar, coser, curar heridas y poner vendajes. Como eso no se hizo, y la oleada hippie y el flower power arrasaron con el servicio militar y la japuteada peronista les dio los derechos civiles -”pero no les dejaron en claro las obligaciones”- el papel femenino se vio profundamente afectado por ello, llegando a lo que tenemos hoy por hoy. Ese hoy por hoy significa que las minas no saben cocinar y le gastan el sueldo a los pobres maridos que laburan en delivery y  rotiserías o niñeras, 9 de 10 no saben coser, y las más osadas buscan insertarse en el ámbito laboral como forma de rebeldía, desprendiéndose de su primordial obligación que es criar a los infantes procreados con ayuda del esperma *se agarra la pija y la golpea sobre la mesa* de su macho alfa.

De esta manera, la oleada de libertinaje femenino destruye el concepto de familia como tal y se desentiende de sus tareas verdaderamente importantes y no realizables por hombres por falta de instinto, como limpiarle la caca al hijo cuando se caga, hacerse unos fideos blancos con aceite, agarrar una aguja o pasar la aspiradora cuando el living parece Esquel después de las cenizas.

Cansadas ya de discutir por sinsentidos, nos limitamos a sonreir y le apilamos los platos para que los lave él, como hace siempre, mientras nosotras nos rascamos la teta en un juego de supuesta inversión de roles.

Como para cerrar el post, cosa que no pasaría nunca si les siguiera contando cómo viene la mano en cuanto a amor paterno y demás, les dejo un pequeño ranking con las frases más profundas de mi padre. Espero que las disfruten:

1- “El Imperio Romano cayó por el libre albedrío de los homosexuales”. En Sobre el Matrimonio Igualitario y Cómo nos Destruiría como Sociedad. 2011.

2- “Mirá si alguien se entera que compartiste habitación en el hostel con otro chico y perdés un pretendiente” y “La habitación es algo íntimo, perdés tu decoro”. En La Imagen Femenina y La Opinión Ajena. 2011.

3- “Qué parecidos que son los negros a los monos, ¿no” y “Bailan murga, vuelven a lo primitivo, los tambores y los movimientos salvajes”. En Evolución e Impacto Cultural, Contaminación Visual Africana. 2011.

4-  “Las personas sin título universitario no pueden dar consejos a nadie”. En Cambiar de Carrera, ¿Qué tan pelotuda sos?. 2012.

5- “Todo el mundo te quiere cagar” y “A esa señora cobrale más, tiene cara de tontita”. En Hipocresía Aplicada, Relaciones Comerciales. 2008.

 

*NA:
Dejo en claro que este es un artículo de humor. Yo a mi padre lo quiero, a pesar de nuestras muchas diferencias y eso no está en discusión. Lo acepto como es, independientemente de si estoy de acuerdo u horrorizada con lo que dice. No quita que todas las frases utilizadas en este texto son verdaderas. En serio. Y la comida estaba buenísima.


Jan 26 2012

De paranoia. La torta.

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- ¿Y eso a vos te parece lógico?

- Licenciada, ¿otra vez vamos a tener la discusión de la lógica? Esta semana me la pasé hablando de eso, estoy medio cansada. Pero bueno, si es necesario se la digo otra vez, no hay drama.

- No, no es necesario, pero la idea es que hables de lo que quieras porque éste tiempo es tuyo, así que adelante.

- ¡Claro que es mío!, si le estoy pagando… acá nadie puso en duda de quién era el tiempo. Lo que quiero decir es que usted es Psicóloga, por ende, su tarea es escucharme y racionalizar mis sentimientos, darles un patrón.

- ¿Por qué creés que esa es mi tarea?

- ¡Ja! Ahí empezamos de nuevo. Ya le dije, esto es simple, yo le doy información y usted la acomoda, saca conclusiones según la sarta de teorías que conoce, y me las sugiere como quien no quiere la cosa para que yo las incorpore y organice mi cabeza. Llevo 5 sesiones y me sigue preguntando cosas rutinarias, con oraciones modeladas, automáticas… ¿A usted le parece que yo soy modelada o básica? Lamento decir que no estoy viendo el fruto de todo esto.

- Entiendo.

- …

- ¿Y qué fruto pensás que deberías ver?

- ¡Ah nooo!. Usted me está tomando el pelo, definitivamente. Si yo vengo acá es porque quiero que me ayude, y no me está ayudando. El fruto es una respuesta, esto no es abstracto ni ambiguo, si quiero subjetividad me tengo a mí misma. Usted juegue su rol, que yo juego el mío, pero las dos tenemos que cumplir porque el barco no avanza así.

- ¿Qué pensás que te diría y en relación a qué?

- A ver, Juliana, no puedo ser más clara sin sonar hija de puta. Ponete las pilas. Terapia se llama así justamente porque vos me ayudás a estudiarme, pero acá me estoy estudiando sola. ¿Me entendés? Yo esto lo puedo hacer tranquilamente en mi casa, lo que vos decís es fácil de anticipar, es muy filosófico. “¿Por qué?”, “¿A vos qué te parece?”, “¿Qué te hace sentir?”. Una espiral tranquila al mejor estilo Sócrates. ¿No te parece que necesito retroalimentación?

- Sí, sin embargo yo estoy acá para ayudarte a que te auto-analices también.

- Obvio, ya lo dijiste vos: TAMBIÉN. Pero acá no hay base para tener un agregado. O sea, yo hago la base y el plus, vos como que sos un ente que no sirve, no aporta, no quita, no me hace armar nada. Te repito, yo en mi casa hago exactamente esto, pero tu papel lo interpreto yo. Convenceme de que esto sirve de algo o me quedo en mi casa y directamente no me tomo el colectivo. Hace calor en verano para andar viajando en bondi al pedo.

- Hagamos una pausa ahí, por favor. Según lo que vos estás planteando, esperás que yo te solucione las cosas con teoría y de forma objetiva, pero los problemas son subjetivos y los solucionás en tu interior.

- ¡BINGO! Eso, ¿ves? Contra-argumentos, los amo.

- …

- Bueno, es que siempre pensé que lo subjetivo se arregla con pensamiento subjetivo, no podés objetivizar al 100% lo que es variable, te termina saliendo mal. Es como cuando hacés una torta: si no tenés azúcar le podés poner sal, la torta se hace igual, pero cuando la vas a probar te das cuenta de que es un asco y la tenés que empezar otra vez. Es lo mismo. Lo que pasa es que me cuesta ponerle sal y más me cuesta ponerle azúcar. ¿Entendés?

- Muy bien. Estamos de acuerdo entonces con que tu análisis es un proceso complejo…

- Totalmente.

- Y, ¿qué te hace sentir eso?

- …andá a cagar.

 

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Jan 24 2012

Sobre dudas y duras. No apología al pene.

Después de que toda la gente que conozco me hiciera la pregunta más detestable que se le puede hacer a un escritor (léase “¿Y vos qué escribís?”),  dejándome con la sensación de que me tiraron un yunque en el medio de la frente para que haga equilibrio usando mi panciencia de contrapeso, decidí tomarme unos minutos para reflexionar y evitar borrar el blog antes de subir el segundo post, como me ha pasado en 5 ocasiones anteriores.

 

Luego de meditar un poco -y de que el yunque se me cayera en el pie, con furia de por medio-, recordé algo que me permitió encontrar la respuesta. En primer lugar, que hay gente que me rompe las pelotas, y, en segundo lugar, que ellos  suelen no entender qué impulsa a un escritor a… bueno, escribir.

 

Me senté frente a la computadora, prendí un cigarrillo y entre la risa por los tuits que iba leyendo, casi pude escuchar fantasmalmente a uno de mis profesores decir: “para armar un blog tenés que definir la temática”, además de otras enseñanzas igual de discutibles. Ahí apreté STOP.

 

El escritor, no obstante se piense lo contrario, no escribe porque está al pedo o porque le falta actividad sexual en su vida física (aunque estos suelen ser buenos motivantes), sino porque está obsesionado. Simplemente tiene una idea o concepto o historia en la cabeza que se le vuelve recurrente, imposible de obviar, y, en algunos casos, enfermiza.

Si bien no es nada mortal, o eso nos gusta creer, se dedica a estar ahí todo el tiempo, esperando que la vuelquen en palabras, encadenada hasta que se la libera o se la deja morir. No está de más aclarar que la segunda opción es un poco más complicada de lo que suena.

 

Entonces, bien. ¿Por qué escribo yo lo que escribo? Porque necesito hacerlo. Porque esa idea necesita a su vez, independientemente de mí, ser escrita. Y como un nene caprichoso cuando no tiene lo que quiere y ya te dan ganas de meterle un bife pero no podés porque te da culpa, te hace las cosas difíciles hasta que eso pase. En mi caso particular, me tiene los huevos al plato.

 

La temática de este blog soy yo. Es decir, mis obsesiones en berrinche. Cosas que pueden o no tener conexión entre sí, porque uno no elige con qué ni por qué se obsesiona. Pasan, vuelven. Están ahí en huelga de hambre, despertando el solidario dentro de uno en defensa de los derechos de las palabras. Y bue.

 

Por eso, cuando hace un rato me preguntaron una vez más (escupo el suelo, hijos de puta) “¿Y vos qué vas a escribir?”… yo, con una calma renovada, contesté simplemente:

 

“¿A quién carajo le importa?”.

 

Y nada más.

 

 


Jan 24 2012

Prólogo. No pro-logo.

Nací pelotuda, el 15 de Junio de 1989 a las 7:21 am. Nací pelotuda, digo, porque después con el paso del tiempo terminé siendo escritora. Y todos sabemos que no se puede ser escritor sin antes haber nacido pelotudo. Viste vos.

Artista, le dicen por ahí. “Histriónica, Sele” acota Lucre, que tiene un poco de vergüenza cuando le agarro la mano por el pasillo y voy gritando que es mi novia. “Acompañame a comprar pero no hagas teatro”. Y las dos sabemos que es imposible.

Soy artista, ponéle, porque vivo de eso. Alguna vez me pregunté qué sería de mí si no encontrara arte en todos lados, o si no tuviera los amigos que tengo para ayudarme a hacer cosas nuevas todo el tiempo. Crear y recrear. Crear para recrear, ganarle al tiempo.

No sé qué sería de mí sin preguntar. Sin prestarle atención a las cosas que parecen las más pelotudas.

Rocco y yo nos reímos. Vemos pasar una bolsa de nylon volando. Inclusive, si ninguno de los dos dijera nada, nos reiríamos igual. Pasa, the most beautiful thing in the world. La risa, el arte de conectarte con el otro.

Y sí, soy un poco inquieta y ansiosa, hasta que me rascan la nuca o Luna se me sube al pecho y me pisa las tetas ronroneando. Quizás, sí, también, me pongo nerviosa cuando mi papá habla mal de los putos, o cuando veo que mi profesor espera que diga algo relevante y yo estoy pensando en las cosas que quiero tener y no necesito. Quizás pienso demasiado, ahora que lo pienso.

Nací pelotuda y me hice escritora. Allá, por el 1994, cuando aprendí a escribir mi nombre, con un pulso que correspondía a mi inquietud. Con una inquietud de espíritu que jamás pude perder por más libros que leyera o cosas que aprendiera.

“¿Por qué cuestionás todo?” me dijeron el otro día y yo me reí. No sé. Me gusta entender el porqué del porqué, me gustan las preguntas, les hago el amor, también me las cojo. Me gusta cuando a la gente ya no le quedan explicaciones para dar y se pone a inventar nuevas.

No me veo haciendo otra cosa, tengo que prender fuego a los demás. Somos espiritualmente combustibles.

Hacerlos enojar, putear, reír, llorar, admirarse. Odiarme. Da igual.

Por eso, el arte está en las cosas más pelotudas. En una pija dibujada en un cuaderno de Winnie Pooh que mi mejor amiga está haciendo con toda su adolescencia y genialidad brillante en clase de música. En la escupida que mi hermano David deja en la San Martín una noche de 1997, descalzo, cuando nos lleva a tomar un helado y se olvida las zapatillas.

Es un microsegundo. “¡ZAZ!” diría Martín, y ya creaste un recuerdo. En un microsegundo me podés hacer sonreír para toda la vida.

Pero así y todo soy una escritora poco ortodoxa. Fijáte qué raro, porque narro más con lo que hago y ya no me gusta escribir tanto. Escribo pensando y haciendo. Plasmo lo que tengo para escribir en los demás, en mí, en todos, en un papel menos duradero pero que apasiona.

Debe ser por eso que arrugo la nariz cuando alguien me dice que tengo talento, o cuando afirman que voy a llegar lejos. “¿Lejos de dónde? ¿Más cerca de qué?” le pregunto. Francisco tiene ese no sé qué que me hace querer un poco más a todos. Y sin embargo, si final del día me dieran a elegir, me quedo con mi gata.

El arte está en escribir en las cabezas de otros y leernos cuando mejor nos parezca.

Las páginas van corriendo. Cae la arena violeta de mi reloj y no puedo evitar ver a Fer traerme una taza de té a pesar de los 39ºC que hay en Capital, o a Akira quedarse dormido y babear. “Sele ¿Me estás escuchando? ¿Qué tiene de especial ese colectivo? ¿En Comodoro no tenés colectivos?”.

Siempre.

Soy escritora por una cuestión de supervivencia, viste, pero soy una pelotuda por elección. Vivo. Qué sé yo. Alfredo Casero me dijo que somos un cuadro que terminamos con nuestra muerte, y que nunca podemos contemplar. Pintar hasta morir una obra que no vamos a ver terminada, pero que vamos a terminar.

“Vos boxeá, piba, que el K.O. viene solo”.

No sé. ¿Vos cómo me decís? ¿Quién soy yo para vos?
¿Era, soy o fui? ¿Qué es el tiempo? No sé. ¿Sos arte? ¿Soy? No sé.

El que escribe, ¿por qué escribe? ¿Para quién? No sé. ¿Sirven las comas, los puntos, las tildes? ¿Sirven las puteadas? ¿Qué es una puteada? ¿Por qué puteo tanto? No sé.

¿Qué son 22 años en una vida? ¿Mi vida? ¿Cuántos dedos tengo de frente? ¿Cuántas frentes toqué con mis dedos? No sé.
Simplemente, soy. Bienvenidos.